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Salud Cubana

Cubanas en Attar Shisha

Llega la parturienta acompañada de varios familiares. Los dolores arrecian. Cerca de las 10 de la noche, en el hospital de Attar Shisha, en la carretera de Mansehra a Balakot, en Paquistán, los médicos cubanos reciben el caso. La doctora Míriam Salas asume la responsabilidad por estar de guardia. Ella tiene experiencia de otros alumbramientos durante su misión en Zimbabwe. Paciencia y mucha profesionalidad caracterizan el momento. Los minutos transcurren y nace una niña. Primera vez en este hospital que se hace un parto.La niña lleva por nombre Cuba. ¿Casualidad?

Las consultas siempre están en constante actividad.

En la misión cubana de ayuda humanitaria a Paquistán, después del terremoto del 8 de octubre, las mujeres representan casi el 50%. Las hay de todas las edades. Profesiones: Doctoras, enfermeras, intensivistas, instrumentistas, laboratoristas, técnicas, en fin, un contingente de mujeres preparadas en Revolución para enfrentar cualquier tarea por difícil que sea.

En Paquistán, un país donde mayoritariamente se practica la religión Islámica, es difícil interpretar el papel de la mujer cubana, alejada de su familia y de su casa, despojada de cualquier prejuicio, a la par del hombre, subiendo montañas, o en los lugares arrasados por el sismo, consultando y llevando mucho amor con su trabajo a aquellos que en estos momentos los alivia tanto una medicina como un gesto de cariño.

La doctora Salas Calvaire ya tiene en su haber en tierra paquistaní, dos partos. El segundo, otra niña que ahora le llaman Míriam. "Me llena de satisfacción —dice—y me reta a ser mejor, a no defraudar a quienes contribuyeron en mi formación, a nuestro Comandante en Jefe por darnos la posibilidad de estar aquí y a la Revolución que nos ha hecho grandes".

A Míriam, los primeros días, la vimos vestir el traje verde de salón quirúrgico en el hospital militar de Rawalpindi, donde nuestros ortopédicos y cirujanos dieron su primera ayuda. Ahora ella sobrepasa los 500 pacientes atendidos. La podemos encontrar a la entrada del hospital de campaña, auspiciado por la fundación Khubaib, así como en la sala de ingreso pasando visita.

"En Zimbabwe —señaló—, existía un cuadro de salud bastante deteriorado. Enfrentamos tuberculosis, SIDA, y ahora en Paquistán, por ser el clima muy seco, abundan mucho las infecciones respiratorias agudas (IRA), escabiosis, piodermitis, mucha sacrolumbalgia y otras afecciones de los músculos, gastritis y sepsis urinaria, entre otros."

María Victoria Echenique explica el tratamiento a las paquistaníes

Desde el 31 de octubre cuando llegaron los 22 médicos y una enfermera instrumentista a este hospital, el trabajo ha sido intenso, ya han consultado cerca de 5 700 pacientes lo que representa el 43% de los 13 000 habitantes de la zona, de ellos a más de 1 900 niños.

Las 37 camas de hospitalización distribuidas en las tiendas de campaña para mujeres y hombres, siempre están llenas. Además de las afecciones antes mencionadas, también encontramos pacientes con tuberculosis abdominal, paludismo y pelagra (déficit de vitamina B-6), todas raras para nuestro sistema de salud.

María Victoria Echenique está en la tienda de enfermería. No tiene el mismo confort que los salones del hospital ortopédico Frank País, de La Habana, donde trabaja, pero sí lo imprescindible para ejercer la acción médica en condiciones de emergencia, en campaña. Ahora termina de curar a un niño de unos siete años, quien sufrió de una herida en la cabeza. Cuando llegó al hospital, se le veía el cráneo.Desde la primera cura, este pequeño no se desprende de su lado. Lo llaman el hijo de María Victoria.

También la vemos charlar con tres mujeres, dándole indicaciones sobre el tratamiento. Unas palabras en urdu, otras en inglés, algunas en español. Señas por medio. Medicamentos.

La doctora Míriam Salas en plena función en la sala de ingreso.

María Victoria Echenique Pérez tiene una larga trayectoria como revolucionaria. Habla con orgullo de su militancia en la UJC desde los 16 años y su posterior ingreso al Partido. Del impacto de las misiones internacionalistas en las que ha participado, en lo personal y profesional, de sus dos años en el hospital de Malange en la República Popular de Angola y ahora en Paquistán. De sus cuatro décadas dedicadas a la enfermería.

"Me movilicé en cuatro horas. La misión era clara: ayudar a un pueblo golpeado por la fuerza de la naturaleza. Y aquí estamos dándolo todo. Es tremenda experiencia. El tiempo transcurre y ya se piensa en la jubilación, pero eso no quiere decir retirarme, porque cuando llegue el momento en que me necesiten, de nuevo diré presente", comentó María Victoria.

La vida en el hospital de Attar Shisha, no se detiene. Cuatro médicos consultan en la abarrotada área y no cesan su agitado ritmo hasta caer la noche. Otros pasan visita en las salas de hospitalización. En la primera cama un diminuto niño, acompañado de su madre, padece de una profunda desnutrición, al fondo, una joven con tuberculosis abdominal. Los médicos cubanos ponen las barreras entre la vida y la muerte.

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